miércoles, 24 de septiembre de 2014

No logro bajar, pero si incremento, incremento


 Yo dí mis primeros 3 pasos en la sala de mi casa el 20 agosto 2012
 y la vida me regaló celebrarlo el 20 de setiembre 2014 con mis primeros 21k

Son tantas las cosas que se viven cuando llega el día de enfrentar una prueba con una misma, que se vuelve un reto escoger una serie de acontecimientos que tengan coherencia entre si en un mismo relato.  Así que tengo la esperanza que aquellos que lean esta reseña entiendan que luego de un proceso largo, constante, duro, llegado el momento una almacena cada detalle, cada instante, cada gesto, cada olor, cada dolor, cada flaqueza, aún cuando algunos se centrarán en ¿cuánto tiempo hizo?, el corredor que va contra si mismo deja en su piel grabado mucho más que eso; llega un punto en que pese al esfuerzo intenso y casi inútil una quisiera que no se acabara, que el instante de la gloria de llegar se detuviera ahí un ratito, y no importa que el reloj siga corriendo, lo que es más, que vaya más rápido, porque ahí estoy yo con esa que casi nunca dejo salir, con esa que dice: “de esto estoy hecha“.

¿Va a intentar?
Ya con el paquete en la mano, fue normal que la gente de la zona dijera: ¡Va a correr, qué bien! Sólo que el paquete lo llevaba mi amiga Ana María, quien en las 4 ocasiones respondió: “YO NO, ella, yo solo vengo de apoyo“ (en el tanto me señalaba).  La gente me veía de arriba abajo, y con un tono educado y sin la euforia inicial me decían: “¿va a intentar los 5k?“…..¡!!!!

¡Increíble! la traición de la mente, a las 6 p.m. me había olvidado de Chahüites, Salitral, La Universidad para La Paz, Puntarenas… y los entrenamientos diarios y comencé a decir en voz alta: “¿y si ellos tienen razón?, si me apresuré al decirle a Sandra que si ella corría la Maratón yo intentaba la Media?, de pronto y se nota que no puedo, pero sólo yo no lo veo“.  Pero de verdad era sentido el asunto, me tenía invadida; hasta que se me complicó lo de desayunar lo de costumbre a las 3:00 a.m. y mi mente se volvió a enfocar en la carrera del día siguiente y atender los detalles que hacen la diferencia entre terminar o no terminar.

Enfrentarse a 4.500 personas
A la mañana siguiente, casi llego tarde porque no sabía cómo abrir la ducha. Me sentía como cuando visité a Sandra en Bolivia y a Rosita en Lima que nunca pude ver TV porque no me dio el cerebro para entender cuál botón apretar para cada cosa. Pero ahí estaba mi Angel de la Guarda encargándose de todo, cuando desfallecí con la ducha la golpeé y apareció agua por todas las perillas del aparato, literalmente me atacó, pero logré entender el asunto.  Luego me fui a la meta con apenas 15 minutos para la salida, me metí por donde no era …. y en ese momento Ana María me dijo: “rebe venga aquí hay un espacio para pasar a la zona de corredores“, me metí lo más rápido que pude y en menos de 4 minutos estaban anunciando que los corredores élite se estaban acercando a la línea de meta. OJO sólo me separaban de ellos 4 filas de corredores, por eso nunca ví el molote.  Iniciaron los juegos artificiales, se dio la salida y ahí iba yo como alma que lleva el diablo, para que no me atropellaran, pues estaba a la par de los que venían a pelear uno de los primeros puestos.  ¡FUE GENIAL! Ana María me cuenta que la gente que estaba atrás tenía que caminar para llegar a la línea de meta y ella para sí se decía: “qué raro aquella salió soplada y estos van ahí tranquilos“.

DES-EMPOLVARSE 21k
Sin que se asomara el sol comencé mis 21k, a los 200 metros estaba empapada de sudor, igual que el desayuno me ví obligada a hacer cambios en la estrategia, pues era muy temprano para perder tantos líquidos del cuerpo.  Comenzó a amanecer que es mi hora preferida del día y los celajes, los congos y las aves me distrajeron un poco, cuando vi la marca de 3k en el suelo estaba 2 minutos arriba de mi tiempo y no había logrado agarrar mi típico pasito tum tum, era como que algo en el ambiente me detenía.  Así que concentré mi estrategia en saludar a los muchos trabajadores de la zona que tuvieron que caminar a sus trabajos por cuanto las vías estaban cerradas desde las 3 a.m. por la maratón.  La gente de Tamarindo es genial, el 100% de mis buenos días fueron respondidos, muchos me dieron aliento, en un tramo que quedé sola en la ruta, comencé a escuchar a alguien hablando y pensé que ya estaba desvariando, pero en pocos minutos una muchacha me alcanzó y me contó que se había quedado dormida, pero que igual ella había venido a la maratón y no se la iba a perder por ese pequeño detalle, poco a poco la fui perdiendo de vista.  Quedé de nuevo con los congos y ya el sol inundaba el cielo, cuando me enojé porque al parecer traían por la carretera unos caballos a toda velocidad, ni siquiera volteé a ver, pero en pocos segundos ví, -se los juro- como 2 chiquillos de escuela en un pique, pierna con pierna, empapados en sudor a Leo Chacón y Gustavo Mora, fue una inyección de energía que me volvió a concentrar en lo que había venido a hacer: “a dar lo mejor de mi.“  Los ví de nuevo en el retorno iban igual, como corredores sincronizados.  Con esa imagen seguí en el sube y baja de la ruta.  Ya camino a Villa Real algunas personas habían salido de sus casas para apoyar a los corredores y a los pequeñitos que apenas comienzan a dar sus primeros pasos, mi paso lento les quedó genial para darme apoyo corriendo –ellos- a toda velocidad, mientras balbuceaban un “vamos, vamos“ a lo que yo respondí en todas las ocasiones “gracias mi amor por apoyarme, espéreme aquí que yo regreso“.  Permítanme detenerme aquí, porque hoy, aquí, reposada, escribiendo para ustedes esta reseña, les puedo asegurar que esa frase que en su segunda parte fue: “gracias mi amor por apoyarme, vio que si regrese“; fue la que me llevo hasta el final, yo regresé como 1 hora y media después y los pequeñines luego que yo les agradecía iban a contar que la señora les había hablado y que era la misma.  No se qué ven, qué sienten ustedes frente a un niño, que los toma en cuenta, que directamente dice: “te estoy viendo“ yo personalmente siento, he sentido y espero seguir sintiendo RESPONSABILIDAD.  No podía de ninguna manera dejar de pasar o pasar caminando de regreso.  Bueno para algunos yo caminé, pero yo se que voy trotando, que no siento lo mismo, que no impactan igual mis piernas, cuando camino que cuando troto.  Cerca del retorno de los 21k fue simpático porque ya me topaba con los que venían de regreso y me decían ya casi llega, da la vuelta y ve el punto de retorno, y la vuelta tardó en llegar y el punto se veía lejísimos, el sol ya pegaba fuerte, pero responder a las porras de los otros corredores, ver a los que iban en silla de ruedas, toparme cara a cara con el keniano que iba liderando la maratón y luego correr al lado del que venía en segundo lugar, me dieron algo así como mi minuto de fama, pues ellos van con las sirenas, las cámaras, al rato ver pasar a Wendy, a Jenny, descubrir que Gabriela Traña tiene un don de gente que no se esconde tras las redes sociales, sino que igual, en vivo y a todo color, durante la carrera, si uno le da ánimos ellas deja ver que lo agradece, me llené de nuevo de energía.  En un punto cuando todos ellos –que corrieron conmigo- se fueron con sus asistencias y cámaras, una muchacha me dijo fuerte y cerca del oído: “eso es, baje el paso pero no se detenga“; yo ya iba rastrillando un pie –cosa que no es normal- y en ese punto del 14k o 15k ya muchos habían desistido de seguir corriendo y estaban caminando.  Esa misma muchacha me la habría de topar a 200 mts de la meta y con la misma intensidad abrió su mano y me dijo de nuevo, fuerte, fuerte “eso, eso campeona bajó el paso pero no se detuvo me hizo caso“   ella estaba tan contenta porque yo lo había logrado que creo que nunca se me va a olvidar, que una persona que corre sabe valorar desde el corazón el esfuerzo de otra persona que corre. ¡Qué rico! ¿verdad?  Ahí seguía yo en mi retorno, aceptando toda el agua que me dieran y tirándomela encima para aplacar un poco la humedad de la ruta, concentrada en no subir el paso, pese a que mi tiempo era un desastre, pues tenía claro que la temperatura iba en aumento y que los sube y baja me desgastarían, y la meta era terminar. La gente del pueblo comenzó a decirme “ah si pudo, ya casi llega“ me emociona que la gente me recuerde, pero era realista estaba todavía a 5k de la meta, con dos cuestas importantes por pasar.  Mis compañeros CHI que me pasaban me motivaron creo que todos sin excepción, lo cual me permitió en este punto de la carrera cambiar el chip, y los últimos kilómetros no se por qué me sentí en un fondo y sólo recordaba que en Chahüites no lo pude terminar por 500 metros y se me metió en la cabeza que esta vez no me iba a dejar vencer.  Estaba en eso, conmigo misma, ya no veía el entorno, creo que no respondía a los estímulos –yo siempre agradezco- cuando vi en la sombra de un árbol un señor de raza negra, que me vio fijamente, metió sus manos en un balde y le dijo a su compañera: “no importa que no sea de los nuestros, ella lo necesita para continuar“ y se levantó con sus casi 2 metros de altura –yo no tenía ni fuerzas para asustarme- corrió a mi lado y me puso en el pecho y la espalda dos refrescantes esponjas de agua helada, como bajadas de mis amados Andes.  No tiene nombre, yo se que cuando uno da asistencia tiene que decirle NO a los que no son de uno, pero también se que en ocasiones se puede hacer una excepción, en especial cuando el paso que sigue es la última cuesta de la maratón de Tamarindo 2014.  Misma en la que habría de oir un fuerte “ESA BARBILLA REBECA“ era mi profesor que tiene esa extraña cualidad de aparecer justo cuando una no está siguiendo sus instrucciones, con una fuerte sonrisa me dijo que ya casi terminaba y que si me sentía bien; recuerdo que me extrañó verlo correr con camisa, él siempre dice que “hay que correr sin camisa para sentir mejor la naturaleza“, lo vi alejarse pues él estaba terminando sus 42k.  Unos minutos después en un punto que me gustó mucho porque se ve el mar, mi compañera CHI Annete, me dio ánimo, me dijo que ya estaba terminando mi gran prueba y cuando pasó a mi lado, sin desconcentrarse de su carrera me dijo: “Que Dios la bendiga“ al tiempo que se persignaba, es un gesto que quiero emular, así de corazón como lo recibí.  Ya en este punto con la inmensidad del mar al frente, caminando con el corazón y con la bendición de Dios estaba lo más a 1.3 km de la meta y fue cuando comenzó esa sensación que les decía al principio, de reconocerme, de saber de qué estoy hecha, una sensación que nos deberíamos regalar más seguido, ya aquí no recuerdo las piernas, el sudor, el hombro que me molesta, no quería tomar agua, sólo quería disfrutarme y fueron varios metros sóla, con pocos corredores alrededor, lejos de casa u hoteles, que son un estar con aquello que nos hace iguales, semejantes, es un estar, es un ser parte de lo que hay y ahí sólo había mar y una hermosa montaña que me dio su sombra. Era yo reconociéndome parte de un Universo: latente, vivo, en movimiento. Cuando divisé mi hotel, ya volví a la realidad, vi a Ana María dándome ánimo, incluso cuando volví a sentir las piernas creo que se me reflejó en el paso y ella corrió a mi lado hasta la meta.  La meta, yo no se cómo vive el que gana la llegada a la meta, pero yo desde los últimos 5 km que me topaba con los corredores que ya iban en sus carros de salida y paraban y me pitaban y me gritaban que ya casi terminaba, la cantidad que se queda en los alrededores de la línea de llegada y aplauden, gritan, ovacionan, llevan en su voz el cansancio, el orgullo, el coraje de haber corrido y yo se cómo se siente escucharlos, es como un inmenso campanario que no importa cómo una llegó anuncia que se cumplió la meta, que se hizo un buen trabajo los meses previos; ahí nadie se pone a sacar el PACE, ahí todos somos uno, cada cual a su ritmo.  Besé a mi virgencita a ella le había ofrecido este esfuerzo y como siempre, me acompañó, me golpeé las piernas en agradecimiento y sentí entre los gritos un par de personas que me abrazaron, me preguntaron como me sentía, qué día era, me indicaban que no fuera a parar de pronto, que fuera bajando el ritmo hasta que llegara a la hidratación, así lo hice, hasta que sentí a alguien que me decía “si pudo, si  pudo yo sabía que lo iba a lograr“ y me dio uno de los abrazos más sentidos que me han dado en la vida, era un compañero CHI que recogía toda la emoción que ha sido esta aventura en lo que se refiere a vivir un proceso acompañada, recordé cuando subía mis fondos al facebook, cuando les contaba cómo me había ido, a mi hermano que me dijo que Tamarindo era plana y necesito verlo para que me defina plano, a mi mami que me dijo: “no se esfuerce más de la cuenta“, a Sandra que hablé con ella por skype y me dejó ver que vivía la emoción de lo próximo de la fecha, a mis sobrinos que me dijeron que sólo por el intento ya estaban orgullosos, a Gaby que me dijo que estaría enviándome buena vibra, a una mamá CHI que da asistencia y siempre me reconoce y dice “esta es mía, esta es mía, pero no le puedo dar nada“, a la Quisi que en su ajetreada vida saca tiempito para darme ánimos, a Rosita y Matt cargando por  Lima mi salveque, a la chinita caminando dormida a mi lado los domingos, a mis perrillos resentidos porque ellas no salen a entrenar, a mi muchacho en Las Malqueridas que me escribió como 3 mensajes de apoyo durante la carrera, a Ani que me dijo que metiera la panza porque estaría ESPN filmando la carrera, se que se quedan un montón sin nombrar pero tengo que ir a trabajar y quiero subir esta reseña.  Todos, todos sin excepción estaban en ese hermoso abrazo que me decía que había cumplido, que estábamos orgullosos del trabajo realizado.

He querido escribir esta reseña tal cual escribo mis cartas a mano, sin revisar la redacción y escribiendo lo que se me ocurre, como cuando estoy hablando, así que se brincan las incoherencias. Si la vuelvo a leer veré todo lo que dejé por fuera y lo retomaré en particular, por ahora como les dije días atrás: GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS POR ESTAR AHI, POR NO DEJARME OIR MIS EXCUSAS DURANTE MI ETAPA DE PREPARACION, POR ACOMPAÑARME EN CADA METRO DE UNA ENGAÑOSA Y HUMEDA RUTA EN TAMARINDO 2014.

Ahora si me despido con el cariño y respeto de siempre diciéndoles, que no bajo para nada el tiempo pero definitivamente si incremento e incremento kilómetros. VAMOS, VAMOS A DES-EMPOLVARNOS SI SOLO PUEDE DAR TRES PASOS PUES A DARLOS.











Aquí volví a sentir el cuerpo, se nota ¿verdad?

Virgencita lo hicimos

El Coconut por mi medalla me dió una copa de champagne

Ultimamente correr me da gustitos que no me puedo dar.




martes, 2 de septiembre de 2014

Esta no sabe ni comprarse un pantalón

Ja ja a ver cómo les cuento esto sin dar muchas vueltas.

Uno aprende algo, y lo da por sentado, al aplicarlo a lo largo del tiempo lo reafirma y es cuando uno se anima incluso a apostar.  Pues les tengo una noticia con una cincuentona que se DES-EMPOLVA, lento pero que se DES-EMPOLVA, tengan cuidado.  Este fin de semana vi un pantalón en una tienda y mi amiga Ana María (nos conocemos hace 34 años) me dijo:  

- está super bonito, pero hay que conseguir uno de su talla

Yo, que me precio de tener buen ojo, le dije:

- ¿usted cree que no me quede? para mi que si.

Ella levantó las cejas, hizo una mueca y siguió buscando la talla 16, con un aire de “esta no sabe ni comprarse un pantalón“;  al mismo tiempo que yo me ponía la prenda como a la altura de la cintura incrédula de que no me quedara.  No se cuál fue mi gesto, pero inmediatamente ella me dijo:

- “pruébeselo, si le queda yo lo pago“.

Je je, aquí tengo el pantalón en mi mano y yo no lo pagué.  Espero puedan ver la talla. Esta historia es algo así como: “aún cuando esta corredora se ve igual, ya no es la misma“. ji ji





 
VAMOS, VAMOS A DES-EMPOLVARNOS

por supuesto que me puede presionar cada mañana

este blog es una locura conjunta que tiene vida propia desde el 10 de diciembre del 2013, casi todo todo lo que hemos hecho es por sugerenci...